Archivo de la categoría: Reseñas de noches de escuela

ECOS del 25 de agosto, por Gustavo Constanzo

¿Cómo pasar del amor de transferencia a la transferencia de trabajo? A partir del “Banquete de los Analistas” de J-A-Miller se fueron esbozando distintos recorridos, no sin cierta dificultad, como la que plantea el tema de la Exducción: Fuera del análisis, pero dentro de la Escuela. Se reconduce adentro de la Escuela. Siendo también lo que pasa de un sujeto a otro. Del amor al saber al trabajo por el saber. Entonces, la transferencia de trabajo.

Una pregunta que resonó fue: ¿Qué pasa en la Escuela respecto al disentimiento y el desacuerdo cortés? Estamos de acuerdo para no levantar polvareda.  ¿O podemos disentir?

ECOS del 28 de julio, por Gastón Mena

En esta Noche de Escuela, frente a la pregunta convocante, se puso de relieve un interesante contrapunto. En “La soledad como partenaire”, se recorta una distinción:  más allá de la posibilidad de lazo con otros en las distintas actividades de Escuela ligada a la “vida libidinal de cada uno”, se señala la soledad como necesaria, no tratada sino sostenida ya que la relación a la causa analítica tiene un punto irreductible ligado a ella; la pregunta ¿Qué es un analista? solo puede responderse en el uno por uno. Lo que pueda elaborarse allí podrá posibilitar que el analista encarne el lugar de a como agente y generar un vacío que permita alojar algo del otro, que el discurso analítico funcione.

En “Ella, la soledad”, la autora toma una exquisita cita del seminario “Aún”, presentando    la soledad como compañera del ser hablante, ubicando una soledad radical conectada al trauma, “es lo que de una ruptura del ser deja huella”. Frente a la no relación entre el Uno y el Otro, cada uno deberá encontrar su solución. Un despliegue de la problemática de la soledad en la actualidad (“Todo el mundo está en su mundo) así como las formas de abordaje de la misma en el análisis, es seguido por la puntualización de que la Escuela aloja a los analistas, pudiéndose dar una soledad compartida en la vida de Escuela. Con la ubicación de lo femenino articulado a la soledad, justamente parece apuntar allí, ya que plantea una modalidad que pueda consentir a lo hetero y no quedar apresados en el goce del Uno solitario. Su respuesta es que la Escuela sí es un tratamiento en este sentido, hay en el lazo a la Escuela algo sinthomático. La transferencia de trabajo tiene un lugar central.

Un punto distintivo de las presentaciones fue el recorrido por múltiples referencias que abrieron interesantes puntos de investigación.

La conversación giró en torno a la importancia de ubicar para cada analista, un rasgo propio, un estilo con el que trabaje en la Escuela; así como la importancia de producir una elaboración singular sobre la soledad, al modo de un valor operatorio, para un posicionamiento ético que se distinga de una postura cínica.

ECOS del 4 de agosto, por Loli Dueñas

Abre la noche Gustavo Moreno con una cita de Miller en El postanalítico, publicado en Conferencias Porteñas 3 para plantear la conversación como el modo de trabajo específico entre los miembros de la Escuela. La conversación es un dispositivo de trabajo que implica la desuposición de saber del Uno, del saber soportado por uno solo. El otro en la conversación tiene algo que decir y no es un saber conclusivo. Así nos invita a los presentes a participar.

Los colegas invitados en esta oportunidad fueron convocados a partir de una cita de Lacan en el Seminario XXI Los incautos no yerran, de la clase 15 del 11 de julio de 1974 y de un caso clínico publicado en Histeria: Triángulo, Discurso, Nudo: Caso 2.

Gastón toma tres momentos de la enseñanza de Lacan para hacer el recorrido en la histeria de la identificación imaginaria; la dialéctica falocéntrica y cómo la identificación al falo hace obstáculo a la relación entre los sexos. Luego ubica en las fórmulas de la sexuación, la identificación al falo del lado macho y del lado femenino, el hombre es todo de ella, pero al ser ella no-toda, ama como tal quedándole algo de su goce corporal, suplementario, sin regulación para decirse. Se trata de lo femenino, más allá de la identificación fálica de la histeria.

Coty Beneitez toma la última enseñanza de Lacan y ubica allí dos momentos: del Seminario XVIII al XX donde Lacan ubica el goce femenino a partir del goce masculino; mientras que a partir del Seminario XXI Lacan generaliza el goce femenino y lo reduce al acontecimiento del cuerpo como efecto de un decir. Este recorrido le permitirá a Lacan formular el goce del Uno, desde la cuantificación de las fórmulas de la sexuación, que le corresponde una identificación y de la identificación a la unificación. Toma las identificaciones freudianas a partir del goce y hace hincapié en la identificación primaria, previa a cualquier elección de objeto. Esta identificación funda el nudo neurótico y pone en juego la angustia. En la perspectiva del fin del análisis y el pase, esta reformulación de las identificaciones freudianas a partir del goce, le permite a Lacan presentar la identificación con el síntoma uno.

Coty y Gastón coinciden en relación al caso propuesto que se trata de una histeria en la que, la identificación viril la sostiene en una posición masculina que la aleja del goce femenino. La consistencia del goce fálico impide un goce más del lado femenino.

En la conversación, se rescata de los trabajos el intento de empezar a hablar de la pluralización de los goces y cómo operamos en la clínica con eso.

Al hablar de histeria y goce femenino se lo puede plantear de un lado el goce fálico/goce del síntoma/ y más allá, el goce femenino. Queda la pregunta si todo síntoma es goce fálico. Se plantea no confundir goce fálico y goce pulsional, y cómo el atravesamiento del fantasma debería vaciar al síntoma de goce fálico, al menos en parte.

Se rescató cómo la identificación que arma la mascarada posibilita ir al encuentro de la no relación sexual pero a la vez la obstaculiza. El síntoma histérico implica un rechazo del cuerpo y cuando este se sintomatiza recién puede llegar a ser acontecimiento del cuerpo, planteo que queda en pregunta.

Gustavo como coordinador de la reunión retoma la cita del inicio para decir que el Otro encarna lo que queda por decir para cerrar esta noche productiva de Escuela.

ECOS del 7 de Julio, por Andrea Banegas

La sede de EOL Delegación Mendoza  nos convoca los jueves a las Noches de Escuela, momentos en los cuales la transmisión del psicoanálisis circula por medio de la producción de escritos compartidos que dan  lugar a  conversaciones animadas en torno al tema planteado.

Dos jueves al mes nos encontramos trabajando bajo la premisa  “Histeria un collage 3D”. A partir de determinado material clínico y teórico se desprenden los trabajos de quienes presentan. En esta ocasión el tema giró en torno al goce de la privación en la histeria, el cual se apoyó en el material clínico: Caso 2. En Histeria. Triángulo, Discurso, Nudo. Ed. Vigencia, 2002 págs 34-38.

Los trabajos pusieron énfasis en conceptos planteados en los seminarios 4, 17, 19 de Lacan intentando transitar a través de ellos por el concepto de goce de la privación, localizando la importancia de éste en el sujeto histérico, pero también compartiendo interrogantes, los cuales fueron el motor de una cautivante conversación en la sala.

Bajo un clima de entusiasmo que motivaba la participación de los presentes se planteaba en torno a las lecturas ciertas preguntas:” si se puede considerar el goce de la privación como un antecedente del goce femenino en la histeria?”, “¿Éste goce de la privación es en referencia al falo?” , “El goce de la privación es un pasaje necesario para la histeria?”.

En relación al caso clínico se plantea que se requeriría de una cierta elaboración por medio del análisis que posibilite algo del orden del desprendimiento, que permita despojarse del tener para dar lugar a algo nuevo. Surge así  la idea de pensar el goce de la privación como un arreglo, que no es equivalente al goce femenino, pero tampoco al goce fálico.