ECOS del 5 de agosto, por Justina de Casas

Una primera instancia comienza antes del encuentro, con la propuesta, en esta ocasión, de trabajar a partir de una película, lo cual me resulta muy convocante.

La película es “La cámara oscura” (2008), de la directora argentina María Victoria Menis.

Me encuentro entonces con su fotografía, su ambientación, el juego con la estética surrealista, la poesía, sus usos de los silencios y de los colores, que van llevando por la historia narrada de un modo que impacta y conmueve.

Ya en la sede, las colegas presentan sus trabajos, ambos muy ricos, bien diferentes en sus estilos y enfoques… se encuentran algunas convergencias. A partir de articulaciones teóricas con la película, van haciendo sus puntuaciones y proponiendo algunas “claves” de lectura.

En las presentaciones de cada una, la referencia al cuento en el que se basa la película, y a otra película (“Los puentes de Madison”), permiten hacer un contrapunto, enriqueciendo el diálogo entre cine, literatura y psicoanálisis. Como perlita, al final de la presentación la lectura de un poema (“Las noches de Cabiria”, de Claudia Masin), otra vez conmueve.

En la conversación, de la cual participan colegas y no colegas, se comparten impresiones, se recrean escenas de la película, desplegando distintas aristas, intentando servirse de este otro modo de decir que ofrece el arte, para intentar cernir algo del acceso al goce femenino. Circulan y quedan resonando algunas ideas acerca del estrago, la mascarada, el paso de una posición histérica a la posición femenina, la astucia femenina, el amor como lazo vivificante…

Podemos apreciar cómo el cine permite, a partir de sus versiones/subversiones, recrear en la ficción a mujeres que se revelan/rebelan ante discursos y prácticas que las oprimen.

Luego de esta vívida y movilizante conversación, surgen preguntas… ¿Cómo se sitúa un analista en relación al malestar de la época? ¿cuál podría ser el lugar del psicoanálisis, lo que lo diferencia, frente otros discursos?

Quizás como practicantes del psicoanálisis, podríamos apostar a que el paso por la experiencia analítica, frente al padecimiento de cada mujer, una por una, posibilite la emergencia de su singularidad, y a partir de su propia ficción, si no una posibilidad de invención para cada sujeto, al menos una mejor versión de sí mismo…