La psicosis: clásica y moderna

Publicado por Gustavo Saraceno en

Andrés Romero

Voy a comenzar esta primera noche clínica de nuestra Escuela haciendo referencia al título que hemos elegido para este año: “Desencadenados, desanudados, desabonados: las psicosis según Lacan”.

La elección de estos tres significantes, que ubicamos en serie, pretenden transmitir la lógica que orientará nuestro recorrido. 

Cada uno de estos significantes dan cuenta de un modo de pensar la psicosis y sus fenómenos, pero también del modo en que Lacan estaba pensando la clínica.  Cuando Lacan abordó la psicosis, en esos distintos tiempos de su enseñanza, obtuvo conceptos, puntos de vista, conclusiones que le permitieron pensar también la neurosis y los conceptos fundamentales de nuestra práctica.  Cada uno de estos significantes encierra, entonces, una referencia a la manera en que Lacan concebía el sujeto, el inconsciente, el cuerpo, el lenguaje en cada momento.

Esto último es particularmente importante porque incide en la posición del analista en cada caso.

Si tomamos el primero de estos significantes, “desencadenados”, hacemos referencia a la cadena significante, al sujeto como lo que un significante representa para otro, y fundamentalmente a la dialéctica entre significante y significado.

En la clase del Seminario 3 que se llama “Secretarios del alienado” Lacan comenta que esta expresión se utilizaba a menudo para señalar la impotencia de los alienistas.  Sin embargo, él, como es su estilo, la subvierte.  Dice “no solo nos haremos su secretario, sino que tomaremos su relato al pie de la letra”[1].  En lugar de querer ubicar si se trata de una alucinación tal o cual, Lacan recomienda una escucha dirigida a la particular relación del psicótico con el lenguaje.

Tan es así, que termina esa clase diciendo: “Estamos abocados a la lectura de este texto (las Memorias de Schreber), y a la empresa de actualizarlo al máximo en el registro dialéctico significante-significado”[2].

El segundo término que tomamos “desanudados”, se ubica veinte años después del primero.  A esta altura ya ha formulado su axioma fundamental: “no existe la relación sexual”, y ha realizado el pasaje de la cadena significante al nudo, definiendo de un modo diferente la relación entre sus tres registros.  En la primera clase del Seminario 23, refiriéndose al nudo borromeo, dice: “En esto reside el resorte del error de pensar que este nudo es una norma para la relación de tres funciones que no existen una para la otra más que en el ser que, por anudarse, cree ser hombre.”[3]

Es muy interesante acentuar el hecho de que Lacan no considera aquí que el anudamiento de los tres registros sea una norma.  Habla de tres funciones disjuntas, “que no existen una para la otra”.  Así su pregunta no se dirige a una falla “anormal”, sino que más bien interroga cómo es que existe un ser para el cual se anudan.

Para cada quién, ese anudamiento, ese arreglo, es una invención que debe hacer a su modo.  Si leemos en este seminario, por ejemplo, el capítulo dedicado a las palabras impuestas, vemos la misma lógica.

La pregunta no es sobre como sucede que un psicótico siente que las palabras se le imponen, sino que va en la dirección contraria: ¿cómo es posible que no todos nos demos cuenta de que las palabras se nos imponen?

Por último, en el mismo Seminario, Lacan introducirá el tercer término del que nos ocuparemos: “desabonados”.  Dice de Joyce, que es un desabonado del inconsciente.

Al principio, en el Seminario 3, Lacan hablaba de inconsciente a cielo abierto.  Dado que allí se trata de la dialéctica significante-significado, esto implica un inconsciente que no es metafórico, que no quiere decir otra cosa.  Si lo tomamos a la altura del Seminario 17, podemos pensar un inconsciente que no está vinculado al lugar de la verdad como medio decir.

Dejo entreabierta esta perspectiva, porque la relación al lugar de la verdad en nuestros tiempos es algo que se puede discutir.

Pero para empezar a entender de qué se trata el término “desabonado”, tomaremos el trabajo “De abonados y desabonados” de Luis Tudanca, que puede encontrarse entre los textos del último ENAPOL.

Allí dice:

“No es muy arriesgado afirmar que el síntoma puede tener a bien relacionarse con el inconsciente, como puede ocurrir que mantenga su no relación de base.

Eso nos llevaría a hablar del síntoma con inconsciente y del síntoma sin inconsciente.

Hay un punto en que Miller afirma que se necesita un broche entre inconsciente y síntoma.

El broche es esa “alguna otra cosa” que permitiría una articulación entre inconsciente y síntoma y que tiene, nos dice Miller, distintos valores: Otro, Nombre del Padre, Phi mayúscula, cumpliendo su función “… entre elementos fundamentalmente separados”.[4]

Como vemos, aquí se retoma la hipótesis de “elementos fundamentalmente separados”.  Nuevamente, entonces, lo que va de suyo no es que el síntoma y el inconsciente se articulan –estamos lejos del síntoma significado del A, del grafo del deseo – sino que son elementos separados que a veces se abrochan y a veces no.

Sobre la práctica con estos sujetos que “no tienen buena onda con el inconsciente”, Tudanca afirma que “Acompañamos al sujeto en ese ejercicio, pero no exactamente como secretarios. No tomamos nota, zurcimos, tejemos, bordamos; Lacan habló de suturas y empalmes con el ¿analizante?”[5].

Espero, en este breve recorrido inaugural, haber dejado entrever el motivo de volver, en las noches de este año, sobre la práctica con las psicosis.  Intentaremos, acompañando a Lacan, extraer de ella lo que ilumina nuestra práctica de todos los días.


[1] Lacan, J., (1955-1956), El Seminario, libro 3, Las Psicosis, Paidós, Buenos Aires, 2015, pp. 295-296.

[2] Ibid., p. 305.

[3] Lacan, J., (1975-1976), El Seminario, libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 20.

[4] Tudanca, L., (2023) De abonados y desabonados, XI ENAPOL, [Disponible en: https://enapol.com/xi/portfolio-items/de-abonados-y-desabonados/?portfolioCats=147]

[5] Ibid.