Le stylo

Andrea V. Zelaya

1. Con Lacan sabemos, desde el texto Obertura de los Escritos, que el estilo es un modo de goce en y con el objeto a y por supuesto leído aprés coup.

Francisco Otta[1], propone cuatro definiciones de estilo, de las cuales destaco dos: 1- punzón con el cual escribían los antiguos sobre tablas. 2- complejo de síntomas que refleja la forma de sentir y actuar de un individuo o de una colectividad.

2. Me interesa subrayar la vertiente del síntoma en psicoanálisis como un estilo singular que, a la vez, marca, punza una manera, un modo respecto de un movimiento artístico, de una colectividad, de una cultura; y agrego, de una Escuela. En esta línea Lacan en 1957 plantea a la enseñanza freudiana como la verdad más escondida en las revoluciones de la cultura. Dice: “Esta vía es la única formación que podemos pretender trasmitir a aquellos que nos siguen. Se llama: un estilo.”[2] Se transmite una enseñanza donde la verdad se esconde, se reprime, se niega y se reniega también en una cultura y late en entre líneas, grita para ser dicha, pero no alcanza a la palabra, susurra su latido en silencio, su punzamiento con un modo de circular gozoso. La formación de cada analista y su transmisión es a través de un estilo que se encuentra por azar y en cuya contingencia cesará de no escribirse.

3. En la experiencia analítica hay un saber sobre las modalidades pulsionales que depositó el lenguaje y provocó la división en un sujeto por las palabras punzantes que lo han tocado y traumatizado. Este es un estilo escondido en el fantasma.

4. El trabajo de la transferencia por el cual gira la experiencia analítica permite dilucidar el fantasma y la puesta a punto del síntoma. Es un estilo como modo de goce singular. Hay una distancia de la alienación al Otro social que implanta modalidades en los estilos de vida epocal, se separa de ella y del objeto que coaguló el goce fuera del cuerpo.

5. En la experiencia analizante se trabaja sobre la elucubración del lenguaje, se recorta la equivocidad de la palabra que localiza un trazo como modo de gozar en un cuerpo singular e incorpora un estilo ya no escondido ni alienado, ni ficcionado en el Otro, sino como una posible escritura nueva. Desde esta perspectiva el analista va localizando a su vez, un estilo a medida que controla su acto, su práctica, llamada en el Seminario XIX lo que “[…] hace obcesión [escrita con c] al goce que decide una práctica”[3]

6. En la transferencia de trabajo el analista trasmite su experiencia analizante y por ello Lacan deseaba una Escuela de analizantes. Se causa una Escuela [ hoy estamos trabajando para el segundo año de Jornadas de la Delegación de la EOL en Mendoza] por la transferencia de trabajo de un estilo a otro, en palabras de J.-A. Miller: “La transferencia de trabajo significa que no basta transferir los resultados. De aquí que Lacan sostuviera que ante todo quería transmitir un estilo, lo cual no está del lado del mimetismo […]. Transferir un estilo significa que no se transfieren los contenidos, no se transfieren los temas, no se transfieren las fórmulas. En este sentido, transferir un estilo equivale a transferir trabajo” [4]

7. La transmisión de un estilo se vivifica en el pasaje del trabajo de la transferencia sobre las modalidades de goce a una transferencia de trabajo orientada por lo imposible de decir que punza y precipita una escritura con otros. Estilo que se escribe desapegado [5]del fantasma.


[1] Otta, Francisco Breviario de los estilos. Editorial universitaria, Comarán. Santiago de Chile. Año1967. p. 9

[2] Lacan, Jacques. Escritos 1 “El psicoanálisis y su enseñanza” Siglo XXI editores Argentina. Buenos Aires Año 2002. .430

[3] Lacan, Jacques, [ [1972-1973]El seminario, libro XIX, …o peor. ‘Reseña del seminario XIX”. Editorial Paidós. Buenos Aires. Año 2012 p 242

[4] Miller, J.-A. El Banquete de los analistas. Los cursos psicoanalíticos de Jacques- Alain Miller Editorial Paidós. Buenos Aires. Año 2000. p.173

[5] Miller, J.-A. Sutilezas analíticas. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller “Posición del analista” Editorial Paidós, Buenos Aires. Año 2011. p 55

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